Hemos visto la necesidad de salir, como dice el Papa Francisco: una Iglesia en salida; en su Exhortación Apostólica, ya citada «La alegría del Evangelio» y hemos visto que este es el camino verdadero que tenemos que seguir.

Por eso nos hemos propuesto unos nuevos «Objetivos fundamentales» que se resumen en los puntos de: oración; solidaridad; ecumenismo y diálogo y que se introducen como sigue:

Objetivos fundamentales
de Laicos Consagrados por el Bautismo

Lo primero es la oración. Sin ella, no existiríamos. Es la respiración con Dios.
La oración lleva a la solidaridad.
La solidaridad también lleva al ecumenismo.
Y no puede haber ecumenismo sin diálogo.

Por tanto a partir de ahora, individual y colectivamente, trataremos de llevar a cabo estos objetivos fundamentales, con las iniciativas que vamos sugiriendo.

Sobre la oración

Cuidar mucho en L.C.B. la vida interior!

Oración mental; oración vocal; meditación; sacramentos; Rosario; Coronilla a la Divina Misericordia; jaculatorias

Y no olvidar nunca los pobres! Rezar mucho por todos los pobres y desvalidos! 

Y también por el Papa, por la Paz del mundo, la conversión de los pecadores y la salud de todos los enfermos, y por la Iglesia.

Y muy importante también, rezar en Comunidad, en la Parroquia, en nuestra Comunidad L.C.B., ó donde sea, en común!

Siempre por medio de la Virgen María a Jesucristo y por Él al Padre Eterno con el Espíritu Santo!

Y cuidar del Ángel de la Guarda y los santos: San José y nuestros Santos!

Y la vida familiar: matrimonio, hijos, padres, abuelos, nietos etc. con mucho Amor.

Rezar el rosario en familia y otras oraciones en familia!

Enseñar la doctrina católica el catecismo y las oraciones principales a los hijos ya desde bien pequeños.

Sabiendo que Dios no nos deja nunca, nunca, nunca, confiar en Él siempre plenamente; todas las oraciones y pensamientos hasta el fondo de nuestro corazón, el Señor Dios las escucha todas siempre! Es nuestro Padre, que por Amor nos ha dado a su Hijo Jesucristo muerto por nosotros y resucitado, gracias a la Virgen María Virgen.

Amén.

Para llevar a la práctica la solidaridad, en el Amor de Jesús nuestro Dios, a toda persona y circunstancia cumpliendo el mandamiento nuevo de Jesús: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

Carta de San Pablo a los Romanos, capítulo 8

31 ¿Qué diremos después de todo esto? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?

32 El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores?

33 ¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica.

34 ¿Quién se atreverá a condenarlos? ¿Será acaso Jesucristo, el que murió, más aún, el que resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros?

35 ¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada?

36 Como dice la Escritura: Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte; se nos considera como a ovejas destinadas al matadero.

37 Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó.

38 Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales,

39 ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

 

1ª carta de San Pablo a los Corintios, capítulo 13

1 Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.

2 Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.

3 Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.

4 El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,

5 no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido,

6 no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.

7 El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

8 El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá;

9 porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas.

10 Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.

11 Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño,

12 pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí.

13 En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande todas es el amor.

Comentario previo

Evangelio de Marcos 9: 30-37

Después de haber anunciado otra vez que la pasión ya estaba cerca, Jesús constata muy bien la incomprensión de los suyos: ya que se entretienen aún a preguntar quién sería el primero del Reino, de un Reino que aún no sabían ver con otro aspecto que el temporal y el político. En mi Reino, afirma Jesús, para convertirse en el primero es necesario haber sido el último y el servidor de todos. Perspectiva que no tiene nada de estimulante para los futuros mensajeros del Evangelio. Cogiendo un chico y poniéndolo en medio de ellos, Cristo invita la Iglesia a acoger con solicitud quienes son, como él, los enviados del Padre y se presentan con humildad y con pobreza.

Lectura del Evangelio según San Marcos

En aquel tiempo, Jesús y los discípulos pasaban por Galilea, pero Jesús no quería que lo supiera nadie. Instruía a sus discípulos diciéndoles. «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres, lo matarán y después de muerto, resucitará a los tres días». Ellos no entendían que quería decir, pero no osaban hacerle preguntas. Llegaron a Cafarnaúm. Una vez en casa, les preguntó: «¿Qué estabais discutiendo por el camino?» Ellos no contestaron porque en el camino habían discutido quién sería el más importante. Entonces llamó a los doce y les dijo: «Si alguno quiere ser el primero, debe ser el último y el servidor de todos». Luego hace venir un chico, lo puso en medio, lo tomó en brazos y les dijo: «El que reciba a uno de estos chicos porque lleva mi nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, no me acoge a mí sino al que me ha enviado «.

El Cristo molestaba mucho y aún molesta. Porque ha venido a dar la vuelta a las ideas y la conducta de un mundo que sólo persigue el dominio y el placer. Que haya que pasar por el sufrimiento, y aceptarlo con paciencia por todo lo que conlleva de profundización y de purificación no puede hacer nada más que desconcertar este siglo de comodidades y de confort. Y que sea indispensable de acoger humildemente el misterio de una cruz para cada uno, subleva esta sociedad embriagada por los éxitos. ¿Habrá pues que la Iglesia renuncie a predicar la cruz, y que suavice las exigencias de acogida dentro del Reino? No, ciertamente, pero para que pueda predicar la abnegación en el mundo, hay antes que ella misma vuelva a practicar una vida humilde y mortificada.